07 de Enero del 2009
Los sitios enfocados al contenido como los blogs y revistas en línea tienen varias maneras de organizar y ordenar su contenido. Ordenar los artículos por fecha y por autor usualmente se hace de forma automática por el sistema de administración de contenido. Hay dos conceptos que pueden ser usados por sobre eso para organizar el contenido de tu sitio: las categorías y las etiquetas. Si bien puedes usar ambas al mismo tiempo, probablemente es mucha molestia – así que, ¿cuál deberías usar y por qué? Examinemos a cada una por separado.

CATEGORIAS
Las categorías son como carpetas – son colecciones de cosas relacionadas a un tema. Esto, en realidad, no es estrictamente cierto porque en el mundo digital puedes adjuntar más de una categoría a tu contenido, pero la función es la misma – categorizar.
La principal ventaja de las categorías es que hay una cantidad fija de ellas – y si quieres usarlas apropiadamente entonces tampoco deberían haber demasiadas. Esto permite que la gente escudriñe rápidamente por la lista para escoger el tema que desean navegar. Las categorías le dan estructura a tu contenido y una fácil experiencia de navegación.
La desventaja de las categorías recae en quien publica. Primero, tienes que decidir la lista de categorías que quieres usar. Usualmente esto es más difícil de lo que parece porque necesitas asegurarte de que no hay demasiadas categorías que podrían tener muchas o muy pocas entradas en ellas. No tiene sentido crear una categoría si todas tus entradas estarán incluidas en ella o si sólo hay una entrada. Y segundo, cuando publiques contenido nuevo, necesitas decidir en qué categoría ponerlo. Esto no es demasiado difícil si mantienes corta tu lista de categorías y asignas categorías múltiples al contenido, pero aún requiere un poco de esfuerzo.
ETIQUETAS
Las etiquetas son el equivalente digital a las etiquetas reales – pequeñas etiquetas que adjuntas a las cosas. Las etiquetas tienen una ventaja por sobre las categorías en el hecho de que no están pre-configuradas. Cuando adjuntas etiquetas las escribes manualmente y tienes la libertad de escribir lo que quieras. Si una etiqueta no existe todavía, lo hará una vez que aprietes publicar. No hay necesidad de preocuparse por encontrar una categoría existente para poner dentro la entrada – sólo escribes las etiquetas que crees representan mejor el contenido.
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09 de Diciembre del 2008
¿Has tenido alguna vez ese sentimiento terrible cuando te das cuenta – sólo un fragmento de segundo demasiado tarde – de que no deberías haber cliqueado “OK” en el diálogo “¿Está seguro de que desea terminar?”?
¿Sí? Bueno, estás en buena compañía – todo el mundo ha tenido una experiencia similar así que no hay necesidad de sentirse avergonzado por ello. No es tu culpa: es culpa de tu software.

¿Por qué? Porque el software debería “saber” que formamos hábitos. El software debería saber que después de hacer clic en “OK” incontables veces en respuesta a una pregunta, probablemente también haremos clic en “OK” esta vez, incluso si no queríamos hacerlo. El software debería saber que no tendremos la oportunidad de pensar antes de desechar nuestro trabajo en forma accidental.
¿Por qué debería saber estas cosas? Porque los diseñadores de software deberían saber que formamos hábitos, querámoslo o no.
La formación de hábitos es realmente algo bueno: nos ahorra el problema de tener que pensar cuando nos enfrentamos a banalidades de interfaz y disminuye la probabilidad de que nuestro tren de pensamiento se descarrile. En el caso del diálogo “¿Está seguro de que desea terminar?”, nuestras manos han memorizado cerrar-y-hacer-clic como un gesto continuo individual. Eso es bueno, porque la mayoría de las veces no queremos pensar en la pregunta – sólo queremos hacer lo correcto. Desafortunadamente, nuestros hábitos a veces nos hacen hacer lo incorrecto: ni siquiera tenemos tiempo de darnos cuenta de nuestro error hasta después de haberlo cometido.
Así que, como diseñadores somos llevados a un principio general de interfaz: Si una interfaz va a ser humana, debe respetar la habituación.
Soluciones posibles
¿Qué tal si se hace la advertencia más difícil de ignorar? Una advertencia sutil no será tomada en cuenta, así que usaremos todas las trabas: haremos pestañear la pantalla y que suene un fuerte sonido estridente para asegurarnos de que el usuario está prestando atención. Y aunque lo intentemos, eso todavía no funcionará. A medida que la advertencia esté más en nuestras narices, más rápido querremos alejarnos de ella (al hacer clic en “OK”) y más errores cometeremos. La cosa es, no importa qué tan en nuestras narices nos presente el computador la advertencia, aún cometeremos el mismo error – hacer clic en “OK” cuando no queríamos. Pero sigue sin ser nuestra culpa: mientras sea posible habituarse a ignorar el mensaje, nos habituaremos, y entonces cometeremos errores.
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17 de Noviembre del 2008
Mi primer trabajo de diseño fue en una pequeña agencia de diseño de impresión en Manchester que producía el trabajo de varios medios de comunicación: embalaje, publicaciones, marketing de materiales de apoyo y… Correo directo. Pronto descubrí que los principios de diseño gráfico que había aprendido en la universidad eran de poco uso cuando diseñé para el correo directo, donde lo grande, las letras fuertes, y lo apiñado es el orden del día. En palabras de un cliente – palabras que nunca olvidaré – “un espacio en blanco es un espacio vacío”.
Creo que todos hemos tenido que pasar, a manos de jefes o exigencias del cliente, por este momento.
Los clientes del correo directo necesitan sus paquetes para permanecer en el mercado, porque trabajan para ello. Pero para todo lo demás, mi cliente no podría haber estado más lejos de la verdad.
Conocer los espacios en blanco
“Espacio en blanco” o “espacio negativo” es el espacio entre dos elementos en una composición. Más específico, el espacio entre los elementos mayores en una composición es el “macro especio en blanco”. El Micro espacio en blanco es – si, lo has adivinado – el espacio entre elementos más pequeños: entre listas de objetos, entre un título y una imagen, o entre palabras y letras. The itty-bitty stuff.

Figura 1. Macro espacio en blanco

Figura 2. Micro espacio en blanco.
Así que, ¿qué hacer con el espacio en blanco?
Micro espacio en blanco y legibilidad
Hace un par de meses, tuve bastante suerte de ver una conferencia de Erik Spiekermann. Parte de su charla se basaba en su rediseño del periódico The Economist, que en parte fue motivado por el cliente ya que su diseño era demasiado pesado y el contenido demasiado difícil para leer.
En el diseño del periódico, la información es densa. A veces, como en el diseño web, es difícil añadir espacios en blanco debido al contenido requerido. Los periódicos a menudo tratan con esto poniendo su contenido en un tipo de letra de imprenta sencilla con bastante espacio en blanco entre los caracteres. Esto era parte de la solución de Spiekermann para rediseñar The Economist.
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10 de Noviembre del 2008
Ley 1: Reducir

El modo más sencillo de alcanzar la simplicidad es a través de una reducción acuciosa.
El modo más sencillo de simplificar un sistema es la de eliminar funcionalidades. Los reproductores para DVD, por ejemplo, tienen demasiados botones de opciones si lo único que deseas es ver una película. Una solución podría ser eliminar los botones para Retornar, Adelantar, Extraer, y así, sucesivamente, hasta que sólo quede un solo botón: el de Reproducir.
Pero, ¿si lo que deseas es reproducir es solamente una escena favorita? ¿O pausar la cinta mientras que tú vas a ocuparte de ese para- todos –importante asunto en el baño?
La cuestión fundamental es, ¿dónde está el balance entre simplicidad y complejidad?
¿Qué tan simple puedes hacer eso? <—> ¿Qué tan complejo debe ser eso mismo?
Por un lado, deseas que un producto o servicio sea de fácil utilización; por otro, quieres que eso pueda hacer lo que toda persona desearía que hiciese.
El proceso de alcanzar un estado ideal de simplicidad puede ser verdaderamente complejo, de tal modo que permíteme simplificarlo para ti. El modo más fácil de lograr simplicidad es a través de una reducción acuciosa. Cuando dudes acerca de algo, sólo quítalo. Pero ten cuidado con lo que retires.
Ley 2: Organizar

La organización logra hacer ver a un sistema más reducido de lo que es
El hogar es usualmente el primer campo de batalla que me viene a la mente cuando enfrento el reto diario de manejar complejidad. Las cosas inservibles simplemente parecen multiplicarse. Hay tres estrategias consistentes para lograr simplicidad en el ámbito del vivir:
1) Comprar una casa más grande,
2) Poner todo lo que realmente no necesites en almacenaje, o bien,
3) Organizar tus bienes personales en un orden sistemático.
Estas típicas soluciones tienen resultados diversos. Primero, una casa grande reduce enormemente el desorden por razón de su espaciosidad. Pero, en última instancia, un espacio más grande posibilita mayor desorden. La ruta del almacenaje incrementa el monton del espacio vacío, pero también, a final de cuentas, puede ser inmediatamente colmado por más objetos inservibles, que a la larga, también ameriten ser almacenados.
La opción final de implementar un sistema tiene la forma de seguir el modelo de los organizadores de ropa de los closets, que pueden brindar auxilio, al estructurar el caos, mientras que los principios de la organización puedan ser obedecidos. Yo encuentro que acudir a las tres estrategias para reducir el desorden- solicitar apoyo al mercado inmobiliario, a los servicios de almacenaje, tales como “Door to Door”, y un amueblamiento racional como los de la Container Store (tienda especializada en productos de almacenamiento), están en boga.
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06 de Noviembre del 2008
Nos complace presentarte un estracto del capítulo 13 del libro Diseño de formularios web: Rellenando los huecos, de Luke Wroblewski (Rosenfeld Media, 2008), con un 10% de descuento con el código ALAWFD cuando lo compres desde el sitio del autor – Ed.
Sólo vendré a decir esto: Los formularios de registro deben morir. En la introducción de este libro describí el proceso de tropezar o que te recomienden un servicio web. Tú llegas impaciente para contratarlo y, ¿qué es lo primero con lo que te encuentras? Un formulario.
Podemos hacerlo mejor. De hecho, creo que podemos conseguir que las personas se adapte a los servicios digitales en vez de decirles cómo trabajan tales servicios y por qué deberían preocuparse por usarlos. También creo que podemos hacer esto sin hacerles rellenar completamente un formulario como primero paso.
Pero antes de que consigamos el potencial (tu salida de los formularios “aburridos”) vamos a echar un vistazo al proceso de contratación de un servicio online. 2007 fue un año de libertad para el vídeo online, por ello es normal asumir que muchas personas utilizaron internet para publicar uno de sus vídeos. Quizás oyeron hablar de Google Vídeo como un buen lugar donde hacerlo. Una vez llegados al sitio, encontraron un link para compartir su vídeo y, ¿qué pasó después? Encontraron el formulario. Figura 13.1.

Figura 13.1 Un formulario da la bienvenida a los nuevos clientes de Google Vídeo.
Se te solicitaba que dieras tu correo electrónico, seleccionaras una contraseña, les dieras tu nombre, tu ciudad, verificar una extraña palabra, aceptar los usos del servicio y, finalmente, conseguirías lo que había detrás del formulario.
Ahora comparemos este proceso con este otro de un servicio de vídeo online: Jumpcut. Lo primero que te llama la atención es el diseño de Jumpcut, como se ve en la Figura 13.2, es “Haz una película y prueba una demo”. De forma directa, es interesante decir cómo trabaja Jumpcut y por qué para ti es genial. Así que vamos a profundizar.
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